Especiales > Perfiles > Meschonnic, Henri
Bibliografía Seleccionada
  • Epistemologie de L´ecriture (1973)
  • Le signe et le poème (1975)
  • Critique du rythme (1982)
  • La femme cachèe dans le texte de Kafka (1984)
  • Para terminar con la palabra "Shoah"
  • Critique de la théorie critique (1985)
  • Nous le passage (1990)
  • Des mots et des mondes (1991)
  • La pensée dans le langue (1995)
  • Politique du rythme, politique de sujet (1995)
  • Traité du rythme, des vers et des proses (1998)
  • La rime et la vie (2001)
  • Celebration de la poésie (2001)
  • Vive poéme (2006)
  • Et la terre coule, poémes (2006)
  • Éthique et poétique du traduice (2007)
  • Un golpe bíblico a la filosofía (2007)
  • La poética como crítica del sentido
 
 

Crítica del libro "La poética como crítica del sentido"

Publicado en "La Nación" el 23 de Febrero de 2008

"En el lenguaje, es siempre la guerra", escribe Henri Meschonnic. Así comienza uno de los ensayos reunidos bajo el título común de La poética como crítica del sentido , y que bien puede considerarse la idea rectora del pensamiento de este lingüista y poeta francés nacido en 1932. Guerra, no polémica, distingue Meschonnic, relegando esta última al ámbito de la charlatanería, a los pasillos donde mora la opinión, esa forma de abolir la crítica, que es el lugar donde es posible pensar el lenguaje. De esta manera, el autor declara la guerra al signo, a la supremacía de la pareja significado-significante según el esquema de Saussure, y toma partido por el ritmo, entendido como "la organización del continuo en el lenguaje... sin olvidar la continuidad con la voz y el cuerpo en lo hablado". Ritmo versus signo es la constante del libro. El volumen comienza con una entrevista en la que Meschonnic se explaya en torno a su labor como traductor al francés de la Biblia hebrea. Sostiene que en el texto bíblico no hay verso ni prosa, y sí en cambio una rítmica muy precisa que en la traducción al griego realizada en el siglo III antes de Cristo fue suprimida. Otro tanto ocurre con determinadas frases cuyo significado ha sido cambiado por completo, como el famoso versículo en el que Dios es interrogado por Moisés acerca de su nombre, y Dios le responde, según la tradición cristiana que sigue la traducción de San Jerónimo, "Soy quien soy", cuando en verdad debería leerse "Seré/ que seré". La diferencia es notoria y tiene implicancias no solo lingüísticas, sino también teológicas y políticas. De allí que su traducción de la Biblia se sostenga en la voluntad de "rehebraizarla, descristianizarla, deshelenizarla y deslatinizarla".

No hay un Meschonnic traductor de la Biblia, otro poeta, y otro lingüista. Su concepción es una, y aquello que en la Biblia destaca como el enfrentamiento con los partidarios del sentido no difiere de su lectura de Humboldt, en quien encuentra un antídoto para combatir el pensamiento dominante en las ciencias del lenguaje del siglo XX. Meschonnic se da de frente con buena parte de la lingüística posterior a Saussure, con el estructuralismo, la semiótica y la crítica de raíz marxista. Y así como propone "olvidarse de Hegel", combate el modelo de lectura de la poesía de Heidegger. Le declara la guerra al cliché, y acaso esté allí el gran mérito de estos ensayos: ir incesantemente en busca de nuevas preguntas, antes que dar respuestas acabadas. Su apuesta en favor del ritmo desarticula lecturas fosilizadas y permite repensar aquello que la retórica y la lingüística entienden comúnmente por ritmo. Obliga a revisar los conceptos de estilo y poética, la relación entre poesía y vida. Meschonnic propone un ejercicio constante de relectura. Una manera de huir de la polémica para hundirse en la crítica, que nunca es lo opuesto de la poesía: "No hay más que una poesía", es decir, "la poesía que transforma la poesía. El resto es imitación. Kitsch para ricos".

Sandro Barrella

Presentación en Buenos Aires de "La poética como crítica del sentido"

Isabel Goldemberg y Hugo Savino

Un poema nos pone en el lenguaje, nos hace oír los acentos de una vida, el hilo de esa vida, nos ayuda vivir.  “Toda mi vida está en mis poemas, mis poemas son el lenguaje de mi vida” (Henri Meschonnic, Vivre poème, p. 7)
La poética, en lo que se escucha, en lo que se dice, busca la escucha contra la razón del signo. Hace la pregunta contra la sordera del signo. Avanza en esa selva. Escucha que nos trae la noción de ritmo, la implica, la trama, es una organización del movimiento de la palabra en el lenguaje: es su fuerza, su temblor, su pregunta incesante. Pensar el ritmo es articular el cuerpo al lenguaje. Ese pasaje. 
La poética de Henri Meschonnic además de una práctica del ritmo nos permite agujerear  el sentido, nos pone en un frente a frente con los tics, con los clisés del lenguaje.  “Y declaro enseguida: el poeta es poeta cuando no sabe lo que hace. El teórico es teórico cuando reflexiona sobre lo que no conoce. El traductor es traductor cuando da a oír lo que hace un poema y no solamente lo que dice. Oír lo que la traducción borra. Los tres tratan de encontrar las preguntas que las respuestas de lo cultural esconden” (Vivre poème, p.9). Leer Meschonnic y responder Meschonnic, sin la preposición a, conservando ese impulso de Claudel , ese: “Escucho. No siempre comprendo, pero igual respondo”. Reinventarnos en la lectura, en el vivir-lenguaje, salir del lugar común es una travesía de todos los días. “No hacen falta muchas palabras para transformar nuestra relación con el mundo, y con nosotros mismos” (Vivre poème, p.11) Salir del simil es animarse a la pregunta. Esta traducción se fue haciendo en el trabajo de una lectura sobre el lugar común, el clisé y los estereotipos  en el lenguaje. Henri Meschonnic fue nuestra estrella del pastor. Nos llevó de nuevo a Saussure y nos abrió Humboldt. Y Émile Benveniste: una lectura siempre en curso. Como diría Bertrand Noël fueron estaciones. Distintas. Estaciones de la lectura y de la discusión, de los intercambios de ideas, de la lectura en voz alta de los trabajos de Henri Meschonnic. Estaban los amigos, la felicidad de la discusión. Y la complicidad. Entendimos claramente la diferencia entre polémica y crítica: “Yo paso de tal manera por un polemista, que se podría creer que una reflexión no se constituye y no dura más que dirigiéndose contra un adversario, real o supuesto. En lo cual inmediatamente se hace lo que no ceso de decir: se confunde la polémica y la crítica.
La polémica, esa retórica para tener el poder, la opinión de los otros; la crítica, como búsqueda de los funcionamientos y de las historicidades. Olvidando observar que la polémica, contrariamente a lo que se cree, no está en la argumentación, el debate: ella prefiere la táctica del silencio sobre el adversario. Sé de qué hablo. La búsqueda del sujeto no se funda contra, sino hacia.” (Entrevista con Henri Meschonnic, realizada por Jacques Ancet). La cita para situar, para situarnos, no para definir. Para seguir en pregunta, mal que le pese a la figura del signo. Si seguimos a Henri Meschonnic podemos decir que la implicación recíproca de los problemas de la literatura, del lenguaje, y de los problemas de la sociedad hacen eso que él llama la poética: la trama, el lazo, la relación de la ética, la política, el poema y la historia. Así, dialogando con sus escritos, nos encontramos con el pensar Humboldt, una inmersión profunda y también en curso, con una forma de abordar la interacción entre lengua y pensamiento planteando una teoría del lenguaje crítica a los clisés establecidos. Se reformula entonces la relación con el sentido y el lugar del significante.  El lenguaje como una actividad concreta de los seres humanos reales. La fuerza del discurso como desafío, apuesta, que nos implica a todos contra cualquier símil, contra las imitaciones de moda, renovadas cada cinco años, que se hacen pasar por lecturas, todo esa falsa seriedad que invoca la autoridad  de la filosofía de televisión, de la polémica, de la referencia de autoridad: el saber como mantenimiento del orden. Esa autoridad que ignora a Spinoza. Decimos Spinoza, porque Meschonnic lo trae a lo largo de toda su obra: “Se escribe para reinventar cada vez una “vida humana”, en el sentido de Spinoza en el Tratado político, es decir una vida definida no solamente por la circulación de la sangre, que se comparte con todos los otros animales, sino por la verdadera fuerza y la vida del espíritu. Son sus propias palabras.” (Vivre poème, p.11) El lenguaje es energía, trabajo del espíritu, es discurso de donde proceden las palabras y no a la inversa. El lenguaje pensado como discurso, como actividad poética no tiene nada que ver con el signo, tiene que ver con “trabajar en darse cuenta” del dominio del signo. Actividad relacionada. A la historicidad y no al historicismo. La poética trabaja en reconocer la historicidad propia del discurso. No busca respuestas, trabaja en reconocer preguntas, le interesa más el valor y el ritmo que el sentido o el signo. 
Esta traducción va a contra-exactitud,  a contra-normalización sintáctica, traducir es una actividad, un acto de lenguaje, estimamos que los poemas, los ensayos y las traducciones de Henri Meschonnic faltan en nuestra lengua.  Esta traducción intentó apartarse de “la metáfora complaciente del pasador” (Poétique du traduire, p. 17). Escapar de las trampas del informacionismo: pero también hicimos el esfuerzo por tener presente que Sainte-Beuve está siempre entrando por la ventana. En este trabajo de recopilación, generosamente autorizado por Henri Meschonnic, tratamos de compartir la felicidad de leerlo y traducirlo. “Y si la poética es en primer lugar el trabajo del poema, del vivir poema, y luego el trabajo sin fin para reconocerlo, entonces la poética es ella misma una antropología, una ética, una política” (Vivre poème, p. 31). Lo intempestivo de su poema empieza a abrirse una vía.